Lily Ángel Psicoterapeuta

¿Cuánto de lo que nos contamos es verdad?

A veces nos contamos historias que parecen tan reales… pero muchas veces no lo son, o no son como las contamos. Las repetimos una y otra vez, les sumamos la emoción del momento, nuestras expectativas, la reacción de quienes nos rodean. Poco a poco, como una bola de nieve, crecen y se hacen enormes.

Estaba releyendo un libro que me gusta mucho, El cuerpo lleva la cuenta, de Bessel van der Kolk. Suelo releer libros, y me maravilla descubrir perlas que antes no había notado. Una de ellas dice que la principal fuente de sufrimiento son las mentiras que nos contamos. Otra que me quedó grabada dice: “Solo podemos estar totalmente a cargo de nuestra vida si somos capaces de reconocer la realidad de nuestro cuerpo, en todas sus dimensiones viscerales”.

Y tiene tanta razón. Nos mentimos todo el tiempo: decimos que estamos bien cuando estamos cansados, que podemos con todo cuando, por dentro, no es así. Nos contamos lo que creemos que deberíamos sentir o hacer, y a veces perdemos contacto con lo que realmente sentimos.

Volver a lo simple, para mí, significa prestar atención a esas pequeñas verdades. ¿Qué siento realmente en el cuerpo? ¿Qué pensamiento sigue dando vueltas? ¿Qué emociones estoy ignorando? Observar esto nos permite desacelerar la ruleta interna, esa que parece ir a mil y nos confunde.

El cuerpo habla constantemente: en un insomnio, en la mandíbula tensa, en los hombros encogidos, en ese pensamiento rumiante. Escucharlo nos revela la verdad de nuestra experiencia, al principio es simple aunque no siempre fácil. Y cuando logramos conectarnos con esas sensaciones, sentimos un alivio profundo: como un “plof”, la bola de nieve empieza a deshacerse.

No hay fórmulas mágicas, ni caminos iguales para todos. Yo Hago ejercicios para volver a mi centro, aunque no siempre funciona el mismo. Lo que sí ocurre es que, desde la voluntad, los practico y, de forma orgánica, aparecen cuando los necesito. Lo importante es empezar, aunque sea con cosas pequeñas: reconocer el cansancio, aceptar que no podemos con todo, observar qué nos decimos a nosotros mismos y con qué nos mentimos.

Volver a lo que sentimos y a lo que pensamos de verdad no siempre es cómodo, pero nos permite vivir con más claridad, honestidad y, sobre todo, aliviar ese peso invisible que cargamos sin darnos cuenta.

Un abrazo,

Lily Ángel

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