¿Dónde se va tu energía?
EL PRANA
Cuando estoy en grupo de mujeres —y sobre todo entre amigas— hay un tema que se repite mucho: las ganas.
No hablo solo del deseo sexual, sino de ese impulso vital, de querer hacer cosas, de sentirte viva.
Y es que por más que llenemos nuestras agendas de actividades, clases o talleres… muchas veces falta lo más simple: espacio para sentir.
Respiramos todo el tiempo, sí, pero ¿cuántas veces lo hacemos con conciencia?
Incluso al comer, ¿realmente nos detenemos a saborear, a estar presentes?
A veces, en lugar de darnos espacio para sentir qué necesitamos, seguimos llenando: tareas, compromisos, actividades.
No porque esté mal, sino porque muchas veces actuamos por inercia, sin detenernos a observar si eso que hacemos es realmente lo que el cuerpo —o el deseo— necesita en ese momento.
Y no se trata de si llevas mucho o poco en tu proceso.
La vida cambia constantemente, y lo que sostiene en medio de todo eso es lo que cultivamos dentro: nuestra energía vital.
En el yoga a esa energía se le llama prana.
Es lo que nos mueve, lo que nos da vida.
Y aunque parezca sutil, se siente muy claro cuando se nos va.
¿Dónde se agota el prana?
En el scroll automático.
En decir que sí cuando necesitamos un no.
En forzarnos a estar disponibles, incluso cuando estamos agotadas.
En hacer por compromiso más que por deseo.
Y muchas veces, esa fuga está justo en lo que ya sabemos que no nos hace bien, pero seguimos haciendo por costumbre.
No se trata de cambiarlo todo de golpe.
Pero sí de empezar a prestar atención.
A reducir poco a poco lo que drena, y dar lugar a lo que nutre.
Volver a sentir ganas no es algo que se fuerza.
Es algo que se cultiva despacio, dando espacio a lo que sostiene desde dentro.
Si esto que te cuento te resuena, te invito a parar un momento.
Haz una lista de cosas en las que crees que se va tu prana.
Y poquito a poco, empieza a reducirlas.
Pon en su lugar cosas que te nutran:
un paseo,
tomar el sol,
leer un libro,
estar con personas que te hacen bien, cuando tú también estás disponible…
o simplemente no hacer nada.
En lo pequeño, en lo cotidiano, se esconde lo sagrado.
Ahí es donde la chispa encuentra oxígeno para crecer.
Dar espacio no es perder tiempo: es darle lugar al cuerpo, al deseo, a lo que vive dentro.
Porque tan necesario es inhalar como exhalar. Sentir como soltar.
Un gran abrazo,
Lily.